Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies cerrar
Imagen de sección

Blog

Cómo dimitir o renunciar a la administración de una comunidad de propietarios.

Fecha: 03/09/2018

   Plantea un colegiado la siguiente cuestión: “Buenos días, me encuentro en la situación de tener que dimitir en una comunidad por salud mental. Me podéis ayudar un poco en cómo hacerlo? Es la primera vez que me encuentro en esta situación y no se muy bien cómo afrontarla.

   Es habitual que los administradores se encuentren con vecinos que ponen su foco de atención en ellos, sufriendo de forma continuada y reiterada llamadas telefónicas, emails, whatsapps, visitas en su oficina a cualquier hora e incluso en festivos y, en casos extremos, injurias, calumnias, amenazas, persecución por la vía pública, acoso en su domicilio y hasta agresiones físicas.

   Unas veces es por exceso de ocio del vecino o como entretenimiento; otras veces se trata de un reflejo de una patología mental diagnosticada o no, como un trastorno obsesivo; hay también propietarios que viven del conflicto y que disfrutan amargando la existencia a los demás, incluido a su administrador; no falta quienes buscan un protagonismo que no tienen; en fin, las motivaciones son de lo más variopinto, el tema es que su administrador se encuentra en su punto de mira y no van a cejar en sus intentos de manipularlo, controlarlo o destruirlo.

   Afortunadamente no existen muchos vecinos de este tipo y con los años el administrador se va inmunizando y aprende a lidiar con ellos. No obstante, toda persona tiene un límite que cuando se alcanza le obliga a salir de esta situación de acoso y presión a la que se ve sometido. Especialmente gravosa para el administrador es aquella situación en la que el vecino acosador es el presidente o en la que varios vecinos crean un grupo de presión o en la que el vecino en cuestión llega a atentar contra la integridad física y/o psíquida de su administrador. Si además la situación se prorroga en el tiempo y no tiene visos de solución, el administrador tiene que valorar si le resulta rentable llevar una comunidad que le está generando realmente pérdidas por el tiempo de trabajo que consume, teniendo además en cuenta lo reducido y ajustado de los precios actuales de la administración de fincas.

   Para que la dimisión o renuncia a la condición de administrador del edificio no genere mayores problemas, es preciso seguir una serie de pasos, aplicando por analogía la normativa sobre la figura jurídica del mandato:

  • En primer lugar hay que comunicar fehaciente al presidente su intención de renunciar al cargo (1.736 CC), la mejor fórmula es un burofax a su domicilio. Desde este momento, el administrador queda en funciones, pero debe seguir realizando aquellos trámites necesarios para evitar perjuicios a la comunidad como girar los recibos, atender los pagos, gestionar los siniestros … El administrador está obligado a cumplir con sus obligaciones y responde de los daños y perjuicios que pueda sufrir la comunidad de propietarios, de no hacerlo así (1.718 CC).
  • A continuación habrá que pedir al presidente su autorización para convocar una junta en la que se acuerde el cese o aceptación de su dimisión y el nombramiento de uno nuevo. Hay que tener en cuenta que aunque el administrador renuncie a su cargo, debe continuar su gestión hasta que la comunidad de propietarios haya podido tomar las disposiciones necesarias para cubrir esa falta (1.737 CC). Será conveniente que el administrador que renuncia se encargue de la convocatoria y acuda a la junta para reiterar su dimisión, posteriormente redactar el acta y evitar descalificaciones hacia su persona, advirtiendo de que si la junta no nombra nueva administrador pasará a tener tal condición el presidente (13.5 LPH).
  • Una vez nombrado administrador o aunque no se haya llegado a nombrarlo, si antes lo acepta el presidente de la comunidad, el administrador deberá proceder a hacer entrega de la documentación al presidente, mediante la firma de un documento con una triple finalidad: tener un justificante de entrega de la misma, servir de instrumento para cumplir las obligaciones que derivan de la normativa de protección de datos y poner fin definitivamente a la relación contractual, cesando así definitivamente la responsabilidad de seguir gestionando la comunidad.

   Después de este proceso, el administrador habrá ganado tranquilidad y calidad de vida, evitará perder dinero y recuperará la pérdida de rentabilidad de su negocio y, por último, incrementará la calidad del servicio que presta, al liberar tiempo y recursos que podrá destinar a los demás clientes.